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lunes, 19 de marzo de 2012

ΦΩΝΗΤΙΚΟΣ, φωνητικός (fonitikós)


FONÉTICO:  (Del gr. φωνητικός). 1. adj. Perteneciente o relativo a la voz humana.
2. adj. Se dice de todo alfabeto o escritura cuyos elementos representan sonidos.
3. adj. Fon. Dicho de un alfabeto, de una ortografía o de un sistema de transcripción: Que trata de representar los sonidos con mayor exactitud que la ortografía convencional.
4. f. Conjunto de los sonidos de un idioma. f. Estudio acerca de los sonidos de uno o varios idiomas, sea en su fisiología y acústica, sea en su evolución histórica.
En Grecia casi todo el mundo es capaz de comunicarse en un idioma que no sea el griego. Incluso la gente mayor. Estos, más que debido a un buen sistema educativo, hablan otros idiomas seguramente porque durante la segunda guerra mundial se sucedieron ocupaciones y protectorados, y crecieron oyendo hablar inglés, francés y alemán. También el hecho de ser un pueblo abierto al mar y altamente comerciante debió ayudar, junto con el hecho de tener un idioma propio que raramente se hablaba fuera de sus fronteras.
Los jóvenes lo han tenido más fácil, con la inclusión de otros idiomas en el sistema educativo, y sobre todo, gracias a la televisión. En Grecia, las películas no se doblan, se subtitulan.
Es curioso que el mismo medio -la televisión- sea el causante de dos efectos contrarios en el aprendizaje de idiomas. En España, con nuestra costumbre de doblar todo, nadie que no lo buscara, estaba expuesto a otro idioma. En la época de mis padres, por ejemplo, podían pasarse toda una vida sin haber oído la voz real de los actores que salían en las películas. Y mucho menos sabían cómo se pronunciaban correctamente sus nombres. Me pasé mi niñez oyendo hablar de Paul Neuman, Espencer Traci o “Jinjer Rojers”.
Los españoles tendemos a “españolizar” lo que leemos, eso por no hablar de la manía de cambiarle los nombres a las películas, en lugar de simplemente traducirlas. Me acuerdo ahora, por ejemplo, de la película “Scar face” -cara marcada- que en España cambiaron por “El precio del poder” (¿?). En ocasiones me han estado hablando de alguna película que yo creía no haber visto, para luego darme cuenta de que sí, que la había visto, pero con otro nombre.
Supongo que cada país tiene sus normas y sus “manuales de estilo” para manejar estas cosas, pero estaréis de acuerdo conmigo en que tendríamos mucho ganado si nos acostumbráramos a pronunciar las cosas como se hace en el idioma al que pertenecen.
También eso lo solventaron los griegos, transcribiendo los nombres, no literalmente, sino fonéticamente. Así, en las carteleras de cine se leería “Pol Niuman” “Spenser Treisi” o Yinyer Royers”. A los ojos, choca, aunque al tener distinto alfabeto, no se nota tanto, pero al menos todo el mundo pronuncia bien los nombres.
Aún así, yo creo que la cosa va mejorando. Si no, de qué íbamos a tener tan claro en España que Kirk Duglas es el padre de “Maiquel Daglas”.

2 comentarios:

Txomin Goitibera dijo...

El doblaje fue un instrumento eficacísimo de censura que permitía alterar completamente los diálogos... A veces era peor el "remedio" que la enfermadad; todo el mundo conoce el caso chusco de "Mogambo" donde un adulterio se convirtió por arte de magia -y del doblaje- en un incesto.

Por o que a mí respecta, yo soy de los que dicen Marilín Monroe y Bur Lancáster en vez de Mérilin Monrou y Bart Láncaster y así lo seguiré haciendo en tanto los americanos sigan diciendo "pael-la" en lugar de paella.

Μ' αρέσει αυτό το μπλογ. Γεια σου

muiñovello dijo...

EL romanticismo y el nacionalismo consecuente no dejan de tener tintes no progresistas. Mudar London por Londres supone un toque lingüístico de lo más medieval ...