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miércoles, 3 de noviembre de 2010

ΤΕΧΝΟΛΟΓΙΑ, τεχνολογία (tecnología)

TECNOLOGÍA:
(Del gr. τεχνολογία, de τεχνολόγος, de τέχνη, arte, y λόγος, tratado).
1. f. Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico.
2. f. Tratado de los términos técnicos.
3. f. Lenguaje propio de una ciencia o de un arte.
4. f. Conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto.
Vivir en Grecia (y encontrar tiempo para escribir) siendo madre de dos niñas en edad escolar tiene sus complicaciones. Y si además las niñas van a un colegio inglés donde tienen una semana de vacaciones cada dos meses, la cosa es todavía más difícil. Unámosle a eso las huelgas y la costumbre de cerrar los colegios (sean electorales o no), el día antes y el día después de las elecciones (el domingo hay elecciones locales), y tendremos un escenario -mi escenario- dónde poder cumplir con los compromisos se hace a veces casi imposible. (Por cierto, bienvenidos los lectores que llegan aquí a través del periódico Atenas Digital).
El caso es que cuando por fin creía que podría volver a coger el ritmo, me he tenido que enfrentar a otro problema más: la tecnología. Y junto con ella, los “tecnólogos”, o sea, los que se suponen que te tienen que arreglar el problema. En este país, lo de “se supone” está más que justificado, ya que, dependiendo de a quién te dirijas, te lo solucionarán o no. Y no me quejo por quejarme, que tengo ejemplos.
La primera cuestión que queríamos hacer, y que en principio no tenía ningún problema, era instalar un temporizador en el cuadro de luces para que los farolillos del exterior de la casa se encendieran y apagaran automáticamente. El primer electricista al que consultamos nos dijo que era imposible, pero que en cambio, sí podía tirar un cable (que se vería, por supuesto, ¿cómo lo iba a hacer si no?) desde el interruptor de las luces hasta un sensor en el exterior que haría que se encendieran y apagaran en cuanto hubiera cambios de luz. La opción no estaba mal, pero cuando se lo conté a mi marido me dijo que primero, no queríamos que se viera el cable ni tener que hacer una roza, y segundo, que estaba prácticamente seguro de que se podía hacer lo que habíamos pensado desde el principio, y que consultaría a otro técnico.
Mientras tanto, yo tenía un problema con el alcance de nuestro WI-FI, y es que la señal no me llegaba a mi estudio. Había días que sí y otros que no. Y yo tenía que organizar mi trabajo dependiendo de cómo se hubiera levantado el “Hada del Wireless”. El primer electricista consultado nos dijo que podíamos poner acceso por “Ethernet” en todas las habitaciones, pero entones seguramente perderíamos la señal inalámbrica. O sea, que no nos valía.
Me fuí a una conocida cadena de tiendas de electrónica y allí me dijeron que lo que necesitaba era un “sticker” que podría conectar por USB a mi ordenador y que intensificaría la señal. ¿Pero funciona con Mac?. Por supuesto, fue su respuesta. Pues no. Sólo funcionaba con PC’s. En el proceso de intentar por otros medios que la señal llegase a mi estudio, de repente, nos quedamos sin WI-FI. Consultados los técnicos que nos instalaron el router y la centralita de teléfono, obtuvimos las respuestas habituales, “tendremos que mirarlo” “igual hay que cambiar el router” “nos pasaremos cuando podamos”. Y yo mientras, intentando trabajar sentada en el suelo al lado del router y conectada por cable. Y desesperada.
Hoy me he levantado con la inquietud de quien no sabe a qué se va a poder dedicar durante el día, cuando ha llegado el segundo electricista al que había consultado mi marido sobre el temporizador. En veinte minutos lo había instalado. Animada por su eficacia le he preguntado “¿Y tu, por casualidad, no sabrás de ADSL y WI-FI, verdad?” Cuando le he contado mi problema me ha recomendado llamar al proveedor de telefonía. Vaya -yo también- no se me había ocurrido.
Con poca esperanza he marcado el número. Una chica muy amable me ha guiado por la maraña de WEP, WAP, IP, DSN y todas esas siglas que deben estar muy claras para quien las conoce y que a mi siempre me hacen acordarme del refrán “El que no sabe es como el que no ve”, y ¡sorpresa! el WIFI ha comenzado a funcionar.
Me he venido arriba, y he decidido acercarme a la tienda donde me vendieron el “sticker” con el ánimo de que me lo cambiaran, aunque me habían advertido que si abría el paquete no lo harían. Me ha atendido el mismo chico de ayer, al que  he informado de que, contrariamente a lo que me había asegurado, el bicho no funcionaba con Mac.
Probablemente él también tuvo ayer un mal día y hoy veía las cosas de otra manera, porque me ha dicho “Lo que tu necesitas es un intensificador de señal”. Ahhhhh! -he pensado- ¿y no es lo mismo que necesitaba ayer?. “Bueno, es que ayer no teníamos. Llegaron por la tarde y pensé que con esto te valdría”. La cuestión es que me lo ha cambiado y me he venido a casa dónde, sin querer hacerme muchas ilusiones, he seguido las instrucciones del aparato. ¡Y ha funcionado!.
Ayer lo veía todo negro -tecnológicamente hablando-, hoy me ha tocado tener suerte. Ahora sólo falta que no arrecien las huelgas ni se adelanten las elecciones generales para que tenga el tiempo suficiente para aprovechar que -por esta vez- he dado con quienes sí me han solucionado los problemas.

2 comentarios:

Benito dijo...

Hola Ana. Soy un forofo de Grecia a la que he llegado a través de su música.
He encontrado tu blog por Atenas digital y a medida que tenga tiempo iré leyendo las entradas antiguas.
A propósito de ésta, tengo que decir que he estado en Grecia en 3 ocasiones haciendo turismo, pero debe ser muy distinto de vivir allí. Tengo la impresión que deben ser muy informales y puede ser desesperante el acostumbrarse a ello. ¿O no?
saludos

www.gramaticagriega.blogspot.com dijo...

Hola Benito. Gracias por tu comentario. Pues sí, yo estuve viniendo de turismo casi siete años, antes de venirme a vivir aquí y también lo veía de otra manera. De todas maneras, y pese a las informalidades (de las que en España todavía tampoco nos libramos), sigue siendo un país que merece mucho la pena. A veces aquí cuesta más adaptarse porque en principio parece que somos iguales en todo, pero luego cada uno tiene su idiosincrasia. Y si... a veces desespera.
Saludos, y confío en seguir viéndote por aquñi.
Ana