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lunes, 19 de noviembre de 2007

ΕΝΕΡΓΕΙΑ, ενέργεια (Enérgia)

ENERGIA: Eficacia, poder, virtud para obrar. Capacidad para realizar un trabajo.

Es lo que me falta a mí en estos días. A mis niñas les ha dado por no dormir una sola noche completa. Ya se sabe, el otoño, los virus en la guardería, los cambios. El caso es que no logro pegar ojo más de tres horas seguidas. "Pues duerme durante el día", es el consejo que me dan los que tengo cerca y que saben que además cuento con ayuda que se pueda ocupar de las niñas. Pero claro, una es de lo más legal, y el servicio, por muy servicio que sea, tiene derecho a comer y a descansar. Y aquí me tienes, sin poder dormir la siesta para que la niñera cumpla su jornada laboral sin abusos.

Además, entra en juego la inefable "ley de Murphy": en el momento en que la niñera se "retira a sus aposentos" a las niñas les da por despertarse de su siesta antes de tiempo, para que yo ni siquiera pueda, no ya dormir, sino leer un poco o meterle un poco de caña a este blog, que está de lo más abandonado. Tengo que revisar horarios, porque esto no puede ser.

Hoy me he pasado la mañana fuera. He decidido irme a hacer gestiones para, al menos, no sufrir la tortura de sentir sueño y no poder dejar que tus ojos se cierren. He cogido el metro, que siempre me relaja (solo me faltaría, para mi estrés, irme con el coche a la caótica Atenas). Además lo cojo en una primera estación, con lo que me aseguro el asiento y puedo ir leyendo. El trayecto es largo, unos cuarenta y cinco minutos hasta la Embajada de España. Las estaciones van pasando amenas, ya que, hasta cuatro paradas antes de mi destino, el metro va por el exterior, enseñandote casas, centros comerciales, complejos olímpicos... En Omonia (que quiere decir Concordia) hay que hacer trasbordo. Hoy, con la mala suerte de que el tren de enlace se estropea, (la Ley de Murphy de nuevo) con lo que tenemos que salir todos al andén a esperar el próximo, que no viene vacío. Entre empujones volvemos a llenar el próximo convoy ante la mirada atónita de los que vienen dentro y que no se explican por qué hay tanta gente esperando.

Tras Omonia, Panepistimio (Universidad) y Syntagma (Constitución). Y por fin llego a mi destino. Voy saliendo a la superficie escalera tras escalera. El cansancio de la noche en vela se hace notar. Mis pasos son lentos. Las piernas me pesan y me cuesta mantener la cabeza alta.

Pero llego a la calle y levanto la cabeza. El nombre de la estación aparece frente a mí: Acropolis. Y al doblar la esquina para encaminarme a la embajada, surge la impresionante muralla natural de la Acrópolis, con el teatro de Herodes en su ladera y el imponente Partenon coronando la montaña. Y como siempre que lo veo no puedo evitar que el vello se me ponga de punta y se me humedezcan los ojos. Cuánto arte, cuánta belleza, cuánta sabiduría, cuánta historia concentrada... cuánta energía. Justo lo que necesitaba. Ahora me siento mejor.

3 comentarios:

Cristina dijo...

Ya deberías de estar acostumbrada a esas situaciones, aquí también pasa a diario. Pero seguro que admirar tanto arte RELAJA.
Un besote

ella y su orgía dijo...

Tienes un blog muy interesante, Ana. Diferente. Enhorabuena.

Besos orgiásticos.

Alexandre dijo...

Hola Ana, la primera vez que vi la Acropoli a la salida de la parada de metro homónima también se me pusieron los pelos de punta, pero ver la Acropoli desde los ventanales del nuevo museo de la Acropolis, ha sido cuando realmente me he emocionado, e incluso a punto he estado a punto de llorar de la emoción,y me ha pasado las dos veces en que he estado. Esta colina de mármol hace que te olvides del tráfico y del caos del centro de la ciudad.