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lunes, 22 de marzo de 2010

ΠΑΙΔΑΓΩΓΙΑ, παιδαγωγία (pedagogía)

PEDAGOGÍA: Ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza. f. En general, lo que enseña y educa por doctrina o ejemplos.
Se acerca el 25 de Marzo, Día de la Independencia. En ella se conmemora la liberación (en 1821) del Estado Griego del yugo otomano. 
Ya en alguna otra ocasión he contado como, ya días antes de que llegue esta fecha, se pueden encontrar, en cada esquina de la ciudad, puestos que venden banderas nacionales. Hasta para los coches las venden (y hasta en los coches las ponen).
Otra de las peculiaridades de este día es la “parástasi”: el desfile. En él han participado tradicionalmente, aparte de las fuerzas armadas, los alumnos de los colegios públicos del país.
Pues parece que esto tiene toda la pinta de ir a cambiar: Hace unos días, apareció un artículo en el periódico griego “Vima” (Paso), titulado “Señor, yo no voy al desfile”, y comentaban cómo, cada vez más, los alumnos de los institutos se están negando a participar en el evento.
Hrísa, de nueve años, declaraba al periódico que a ella no le gusta tener que caminar tanto sin ton ni son, no le ve sentido y además es muy cansado. La mayoría de los padres con los que el periódico se puso en contacto, declararon que consideraban que la participación en el desfile debía ser voluntario, y que no presionarían a sus hijos si no querían participar.
Yo siempre lo he pensado: el futuro está en los niños y en su educación.  Ellos, con su clarividencia, normalmente ajena a políticas y religiones, tienen mucha más facilidad para interiorizar lo que es importante. Si a un niño le enseñan lo esencial que es no malgastar la energía, ellos te cerrarán el grifo cuando vean que lo has dejado abierto y apagarán la luz cuando la dejes encendida. 

Pero esos mismos niños no pueden entender porqué tienen que pasarse el día caminando detrás de los soldados. ¿El imperio Otomano? ¿El fascismo anterior a la segunda guerra mundial? (es el caso de la fiesta del 28 de Octubre)  Eso no les afecta ya. Llevan muchos años viviendo en libertad. Sus padres también lo hicieron. Ahora hay otros “enemigos” y contra ellos es contra los que hay que luchar. 
Iasonas, de 15 años, lo tiene muy claro, y así se lo dijo al periódico Vima: “Estoy en contra de las demostraciones de tipo militar. Además, en esta época de crisis, no le encuentro sentido a estas manifestaciones que cuestan tanto dinero”.
Ellos serán los dirigentes del futuro. Quizá no esté de más que se les haga un poco de caso.

jueves, 18 de marzo de 2010

ΦΟΛΚΛΟΡ, φολκλόρ (folklor)

FOLCLOR: Folclore. Conjunto de creencias, costumbres, artesanías, etc., tradicionales de un pueblo. Ciencia que estudia estas materias.
Llamadme folclórica, pasada de moda, lo que queráis, que lo aceptaré, pero tengo que reconocer que hoy me he llevado una sorpresa.
La historia, sin embargo, no ha empezado del todo bien. Mi hija mayor, de cuatro años largos ya, anda de lo más díscola, poniéndonos a prueba constantemente y llevándonos insistentemente a nuestros límites. Ahora quiere esto, ahora no lo quiere. Tiene que ser la primera en todo, o se enfada. Si no haces lo que ella quiere en el momento que quiere, bronca. Y ahí estamos, capeando el temporal, intentando llevarlo lo mejor posible y a la vez sin perder los estribos para encima no darle más ideas a la niña.
Hoy, por ejemplo, la cosa ha sido con la clase de ballet. Cierto es que llevaba ya tiempo diciendo que no le apetecía ir, que se aburría, porque aquello no era bailar, sino jugar con música, y que se cansaba. Yo no tengo nada contra tan bello arte, pero tengo que reconocer que, de pequeña,  nunca me llamó la atención -yo era más de natación-   y siempre me produjo cierta fatiguita tanto rosa pastel y tanta niña fina. Por eso le decía que si no quería seguir, no seguiría, pero que entonces tampoco podría hacer la representación de Peter Pan que estaban preparando para el final de curso. Eso parecía que le apetecía más -teatrera sí que es-  y siempre terminaba diciendo: “vale, sigo, pero cuando termine lo de Peter Pan, no voy más”.
Hasta hoy. Toda vestida de rosa y tules la llevaba en el coche a la escuela de baile cuando ha empezado otra vez con la retahíla de siempre: que si me aburro, que si me canso, que si no quiero ir, que si vámonos a casa. Y me he cansado y le he dicho: Muy bien, nos vamos a casa, pero entonces no hay más ballet, ni tampoco Peter Pan. 
Ella sólo ha dicho: Vale. 
Cuando hemos llegado a casa y mientras merendaba con su hermana, le he preguntado que qué le pasaba, que porqué no quería hacer ballet, si había empezado porque lo pedía a todas horas. Me ha vuelto a decir lo de que lo que ella hacía no era ballet, que eso no le gustaba.
Entonces, ¿no te gusta bailar?, le he preguntado (algo extrañada, la verdad, porque siempre ha sido muy bailona). Si mamá, me ha dicho, bailar sí que me gusta, pero yo lo que quiero es bailar como lo haces tú. Yo lo que quiero es aprender flamenco.
No hace falta que diga que yo, bailar flamenco, lo que se dice bailar flamenco, no bailo. Pero no le hago ascos a unas sevillanas y siempre se me van los pies con una rumba.
Hoy, con las palabras de mi hija, me he sentido poco menos que Sara Baras. He hinchado el pecho, le he dicho que buscaremos una academia de flamenco, faltaría más y nos hemos ido las tres al salón, donde hemos puesto el disco “Flamenco pa’tos” de Goma Espuma y nos hemos marcado unos bailecitos tan contentas.
Ay... la vida del emigrante...