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miércoles, 13 de febrero de 2008

ΟΡΤΟΓΡΑΦΙΑ, ορτογραφία (ortografía)

Ortografía: Conjunto de normas que regulan la escritura.

De todos es sabido que los idiomas evolucionan con el tiempo. Tenemos, sin ir más lejos, nuestro castellano antiguo, que casi nada tiene que ver con nuestro actual lenguaje. Pues lo del griego ya es la repera: pueden estar hablando el mismo idioma, y tres distintos a la vez. Me explico: griego serían todos, pero dependiendo del momento histórico, el griego sería “antiguo”, “kazarebusa” o “dimoticó”.

Para explicarlo de una manera simplificada (podría incluír “la koiné” y el griego bizantino, pero ya me parece pasarse), diré que el Griego antiguo, conocido por todos, y sufrido por unos pocos, entre los que me encuentro, era el hablado por los sabios de la Grecia clásica. De coincidencia con el actual griego moderno, tiene más o menos lo mismo que el latín con el castellano de nuestros días. O sea, poco.

El Kararebusa ( o puro) era el idioma culto y escrito que existía después de la época bizantina. Era conocido por una minoría. El resto de los los griegos hablaban (pero no escribían) el dimotiki (o popular)

Lo peor del caso es que la «cuestión» lingüística se politizó, los partidarios del dimotikí fueron acusados, en ocasiones, de inclinaciones pro-rusas y aun pro-bolcheviques. Desde 1923 a 1964 el dimotikí continuó siendo la lengua de los primeros cursos de la escuela (salvo durante el gobierno de C. Tsaldaris en 1935-36); en 1964, el Partido del Centro colocó a ambas lenguas en igual plano, aunque el estudio del dimotiki raramente sobrepasó la clase de los 14 años. Más tarde, durante el gobierno de los Coroneles, el kazarebusa fue declarado otra vez lengua oficial (1976), el dimotiki quedó restringido a los cuatro primeros grados de la escuela primaria. Vino luego la reacción, con el cambio de régimen: en 1976 el dimotikí fue declarado lengua oficial: de la educación y la administración.

Luego, con el triunfo del partido PASOK, se introdujo en 1982 el llamado sistema monotónico, una reforma ortográfica que abolió los espíritus, hizo escribir sin acento los monosílabos (con excepciones) y con un solo acento los polisílabos. O sea, que todas las palabras de más de una sílaba llevan “tilde” donde recae el acento, con lo que nunca te lías con las llanas, las agudas o las esdrújulas. Creo que es la parte más fácil de este idioma.

Pero por si os puede parece poco complicado que el griego se escriba con otro alfabeto, os diré que los signos de puntuación tampoco coinciden en su totalidad con los nuestros. Un punto es un punto, una coma es una coma y dos puntos son dos puntos, pero ¡ay!, nuestro punto y coma lo utilizan los griegos como signo de interrogación (sólo al final de la frase), y si lo que queremos es escribir un punto y coma, lo haremos colocando un punto, pero no donde lo pondríamos normalmente, sino en la parte de arriba de la frase. (O sea, como si a los dos puntos se le hubiese caído el de abajo). El signo de exclamación es igual, pero sólo colocado al final de la frase.

Vamos, que visto lo visto, espero controlar esta lengua antes de que algún gobierno ofuscado me cambie las reglas.

miércoles, 30 de enero de 2008

ΑΥΤΟΒΙΟΓΡΑΦΙΑ, αυτοβιογραφία (aftobiografía)

Autobiografía: Vida de una persona escrita por ella misma.

Me dicen que me presente. Me lo dice “Ella”, que es una nueva presencia en mi vida que está empeñada en que mejore este sitio. Pero ya me conocéis casi todos … ¿o no? Vaya, me acabo de dar cuenta de que ahora soy accesible, visible y legible, que quien quiere me encuentra. Está bien… desde el pudor… me presento.

Yo soy yo, y no otra. No soy personaje, sino persona. Vivo y siento, desde hace 40 años ya. Me divierto con poca cosa y me entretengo con casi todo. La vida me parece un lujo del que disfruto día a día. Me rio mucho, con y de casi todo. Me cabreo un montón, sobre todo con las injusticias y las estulticias. Lloro con casi nada, y las lágrimas suelen tener la capacidad de limpiar mi alma y sedar mis heridas. No soporto a los tristes que no tienen razones para serlo y me solidarizo –a veces me mimetizo- con los que sí las tienen.

Nací en Madrid, pero me he paseado por una buena parte del mundo, y la diosa fortuna me ha hecho aterrizar ahora en Atenas, Grecia, país por el que siempre he sentido admiración al considerarlo la cuna de la sabiduría y del diálogo, al que pretendo adaptarme y querer y desde el que abro esta ventana para que os asoméis.

En mi periplo me acompañan un marido que –sin duda alguna- me han mandado los dioses del olimpo y dos enanitas salidas de mis entrañas que son cada vez más ellas y cada vez un poco más yo.

Nada me hace más feliz que estar con los míos. Y afortunadamente tengo muchos “míos”. Tú eres un “mío”. Gracias por estar ahí.